
Faltan solo pocos días antes de que el balón ruede de nuevo y este sea capaz de unir las emociones de todo un país. Atrás quedan las rencillas de un malogrado clásico nacional. Cambio de hoja. No hay tal Saprisele. Somos cuatro millones de corazones unidos por un mismo color: el de nuestra selección nacional. Un largo y duro camino nos espera. Isla Granada será nuestra primera escala rumbo a la gran meta en Sudáfrica.

En nuestra retina siguen frescas las imágenes de las eliminatorias anteriores. Un equipo aguerrido, contundente y sin temores es el que queremos ver de nuevo en la cancha, entregándolo todo por los colores de nuestra gloriosa bandera tricolor. Sabemos que no será fácil. Nadie ha dicho que lo sea. Nunca se ha enfrentado una eliminatoria de tanto nivel en el área como en esta ocasión. El termino equipo pequeño no existe ya en CONCACAF. Las fuerzas se han equiparado entre las naciones hermanas. Una muestra la calidad de los integrantes y técnicos de cada selección, donde la mayoría de los jugadores limitan en el alto nivel sudamericano o europeo.

Sin embargo creemos en lo nuestro. Costa Rica tiene lo suyo. La historia ha demostrado que cuando el tico quiere, el tico puede. Clasificar primeros en el 2002 por encima de México y Estados Unidos lo demuestra. Dejar fuera a Honduras, Panamá y Guatemala, venciendo a USA 3-1 en el 2006 lo ratifica. La Sele y los muchachos tan solo necesitan nuestro apoyo.

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