sábado 24 de diciembre de 2011

Desde mi ventana: La noche después de la navidad...

La noche dejó de ser común. El cielo negro estalló en fulgor. Las ovejas en silencio observan con asombro. En un instante, el pastor que esta dormido sobre una piedra, despierta ante el extraño sonido que ha inundado el ambiente. Un momento después su mente incrédula no puede creer lo que sus ojos acaban de ver. La brisa agita las hojas y enfría el ambiente. Una estrella brilla en el horizonte. El pastor lo sabe. Nunca nadie va a creerles.

Veinticuatro horas han pasado desde el milagro. El lugar dista mucho de ser un palacio. Cuatro paredes toscas sostienen el techo de palo y unas cuantas tejas. El piso esta duro y frío. La oscuridad es absoluta. Un establo sencillo, sucio y apestoso como cualquier otro. Atrás han quedado las flores verdes y frescas de la primavera, para transformarse en seco y descolorido heno. No hay yeso, ni fantasía confitera, más si un pesebre improvisado que ha sido convertido en trono, mientras un pequeño grupo animales son designados como delegados de un peculiar comité de bienvenida.

Su padre lo sabe. No es lugar para un rey. Pero es que el niño parece cualquier cosa menos un poderoso soberano. Sus manos pequeñas y dedos frágiles lo delatan. Tiene la cara roja y arrugada. Su respiración es suave y delicada. Un pequeño bostezo sale de su boca, y la madre contempla en silencio el rostro de su hijo amado. Resulta imposible creer que sobre su pequeña y débil cabeza sea posible poner una corona. Pero así sucederá. Y no será de oro. Las palabras del ángel aún estaban frescas en su memoria: "Su reinado no tendrá fin".

Treinta y tres años después, la madre debió haber recordado con lágrimas esas palabras, cuando los soldados empujaban a su hijo sobre el madero travesaño. Una rodilla se posa sobre uno de sus brazos. Justo cuando el soldado levanta su mazo, su hijo posa la mirada sobre el clavo. El mazo cae, la piel se revienta, y la sangre fluye. No es la primera vez que sucede en esa tarde. Golpe tras golpe, su piel se ha carcomido en heridas. Las horas pasan, sus ropas han sido rifadas y una corona de espinas resalta en su cabeza. Entre las burlas de sus ejecutores, su voz apenas es perceptible. "Elí, Elí, ¿lema sabactani?"

La escena es desgarradora. Un hijo gasta sus últimos aliento de vida clamando a su padre. Dios mío, Dios mío. ¿Porque me has abandonado?. La natividad ha pasado de largo. La única alma sin mancha en la tierra se siente sola y abandonada. Traicionado por sus amigos, crucificado por aquellos a quienes vino a salvar. Con la manos abiertas por los clavos, Él le pidió a Dios: "Déjame hacerlo por ellos". Y Dios se lo permitió. Porque con esa acción en la cruz, Cristo tomó nuestro lugar y nos dio el mejor de los regalos que podría haber ideado: Perdón y salvación. Tres días después la tumba se abre, y con su resurrección se agregaría el obsequio más valioso de la interminable lista: vida eterna.

Hoy que los regalos ya han sido abiertos, la cena disfrutada, y las fiestas celebradas, no podemos olvidar el sacrificio realizado y la promesa que cambio para siempre la humanidad. Una declaración de 29 palabras que desafían la lógica, y demuestran a un Dios con un plan tan loco y descabellado que rompe todos los paradigmas. Donde un rústico establo de Belén es un símbolo de devoción, y un instrumento de muerte se convirtió en el mayor de símbolo de amor:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su único hijo, para todo aquel que en él crea, no se pierda, sino que tenga vida eterna - Juan 3:16.

Veintinueve palabras que podemos tomar o desechar, pero que no cambian el efecto de lo maravilloso que hizo Cristo por nosotros. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo, sino para salvarlo a través de su sacrificio. Porque el clamor de Cristo en la cruz no son las palabras de un santo. Sino el llanto de un pecador. Porque Jesús nunca conoció el amargo sabor del pecado, hasta se hizo pecado por nosotros. Porque para entendernos, se hizo igual a nosotros. Y es justo lo que quiero que recordemos juntos en estas fechas.

Hoy recordamos el nacimiento de nuestro salvador, pero más que eso, no podemos olvidar la verdadera razón de lo que celebramos. La pregunta del millón. ¿Por qué lo hizo? Cambiar su castillo por un establo. De sostener las estrellas en la palma de su mano, a vivir entre aquellos que lo rechazaron. ¿Por qué? Es la pregunta que en estas fechas de carreras y regalos obviamos. ¿Qué hizo que un día el creador del cielo y el universo cambiara la corona de los cielos por una de espinas?. La pregunta es válida. ¿Por qué lo hizo? La respuesta, mis queridos amigos y amigas, está en el rostro que observas cada día en el espejo. Lo hizo por ti.

Sí, por ti...

¡Felices fiestas!

lunes 14 de noviembre de 2011

Desde mi ventana: El Sonido del Silencio...

¿Cómo se retoma el hilo de toda una vida? ¿Cómo seguir adelante cuando en tú corazón empiezas a entender que no hay regreso posible, que hay cosas que el tiempo no puede enmendar? - Frodo Baggins, Lord of the Rings.

Sombras y Arena. Seis meses en el desierto. Boca seca y manos agrietadas. Sin piedad el sol ha besado los labios y quemado la garganta. Se siente el hedor de la muerte en el ambiente. Es el amargo sabor vivir en el exilio. Desterrado. El terrible sonido del silencio. Contemplar con nostalgia en medio de la oscuridad el destello que brinda la ciudad a lo lejos. Cuando el alma se convierte en un laberinto de árboles retorcidos. Noche tras noche, quemas tus sueños en el fuego. Observas las heridas. Esa enorme cicatriz en el pecho. Contra todo pronóstico finalmente ha sanado. Los huesos rotos han empezado a cerrar. La mano ha recuperado su movilidad. Luchaste. Caíste. Y perdiste. Sin embargo "La Bestia" cometió un error. Nunca debió haberte dado por muerto...

La caída. Nadie esta preparado para caer en la vida. Pero tarde o temprano las manos de la desilusión tocan a la puerta. Un golpe a secas que te deja anonadado. No sabes como reaccionar, que pensar, incluso que sentir. Despidos inesperados después de años de esfuerzo y trabajo. Relaciones que terminan cuando mejor creías que las cosas marchaban. Enfermedades repentinas que aparecen y consumen cada centímetro de tú alma. Proyectos que se hunden como un barco justo antes de llegar a la orilla. Puedes ponerle el nombre que quieras. La situación es la misma. Son tus sueños los que se queman y sientes que no puedes hacer nada para evitarlo. Todo el mundo te habla de mil formas de como llegar a la cima, pero nadie te explica que hacer cuando llegan las irreparables caídas. No hay manuales ni libros sobre el tema. Sin embargo, cuando caes descubres una verdad irremediable: Estás solo, y solo debes levantarte.

I'm not a hero. Lejos de aquellos a los que amas, no puedes siquiera soportar el rostro que miras en el espejo. Forastero en medio de un valle lleno de huesos secos. A pesar de ello, la caída te mostró una verdad infalible: No eres un héroe. Fallaste, como el más simple de lo mortales. Sin embargo el peso de la caída finalmente ha liberado tu alma. Ya no tienes nada que perder. Entonces lo entiendes. Un héroe solo es un hombre perdido en su loco afán de satisfacción personal. Pueden acabar con él o matarle. Pero si logras recuperarte de la derrota, si logras enfrentarte a tus demonios internos, si consigues ser algo más que un héroe, entregarte a un ideal y evitar que puedan detenerte, entonces te conviertes en algo muy diferente. Te conviertes en un guerrero. En una leyenda. Tú mano se posa sobre la espada. Es tiempo de regresar y volver a luchar. Terminar lo que empezaste...

Un solo camino. Es la razón por la que un naufrago se aferra a una tabla en alta mar. La misma motivación que hace que un campesino en medio de la sequía siga trabajando a la espera de una gota de agua. Es la conciencia de que uno puede rendirse si así lo desea. El conocimiento de que hay una salida fácil, pero se puede tomar el camino más alto. La ruta más difícil. De que no hay otra salida que luchar y pelear por lo que se quiere. Sin derecho a retroceder o quebrarse. Un hombre a quien el mar le corta el paso ha de sacrificar su escape arriesgándose en el acantilado. Pero para eso, debe combinar su fuerte deseo de vivir con la despreocupación por un fatídico deceso. Ese es el verdadero valor. Anhelar la vida como el agua, y estar dispuesto a tomar la muerte como el vino. No hay otra opción. Es luchar, o morir.

Enfrentar el destino. La ardiente brisa golpea con violencia cada centímetro de tu rostro. Señales de tormentas acechan tu espalda. Un rumor corre por las calles de la ciudad. Ha regresado. En el pueblo no pueden creerlo. Tú tampoco. Has regresado. Es tu destino. Es una locura, va a matarte. Lo sabes. Pero tienes que hacerlo. No hay vuelta atrás. No puedes seguir viviendo más entre las sombras. Lo tienes claro. No importa cuan lejos estés, no hay manera de empezar de nuevo con ese peso en tu espalda. Es hora de recuperar lo que te pertenece. Y la batalla que tú y la bestia empezaron seis meses atrás tendrá su final. Tocas a la puerta. Ni todas fuerzas del infierno juntas podrán ahora detenerte. Tus manos están listas. La bestia finalmente sale. Vas a matarla con tus propias manos, o morirás en el intento. La hora ha llegado...

-Hey tú, aún queda uno al que no has matado...

Ninguna guerra se puede evitar,
solo posponer para dar ventaja a tu enemigo.

Redención. El mérito de triunfar en la vida no pertenece a las personas que que nunca han conocido y enfrentado el amargo sabor de la derrota. El reconocimiento pertenece a aquellos que hayan sentido el ardor de las lágrimas mezclarse con su sangre, ante dolor y la desazón de saber que han caído. Aquellos que con los rostros manchados de barro, perseveran con valentía, un golpe tras otro, con la convicción de que no hay ninguna esfuerzo sin tropiezo, y gloria que conlleven una serie de errores y defectos. De que la vida esta llena de riesgos. Que si nunca has caído, no has tenido la oportunidad de aprender de los errores y conocer el verdadero condimento que da sabor a la vida: salir adelante a pesar de las adversidades.

Punto y aparte. El tiempo pasa y lo hace rápidamente. Este fin de semana, finalmente lograron desbloquear mi cuenta de Blogger que había sido víctima de un hackeo. Ha sido difícil permanecer tanto tiempo en silencio. Muchas cosas han pasado en estos seis meses. Cosas difíciles como la muerte de un amigo de la infancia en un accidente de tránsito, ver sueños quemarse en el fuego, o una serie de golpes que como todo en la vida, nunca vienen solos y arremeten uno tras otro. Sin embargo no todo son sombras y arena, grandes cosas han deslumbrado mi horizonte: concluir la especialización de proyectos, ser ascendido dos veces en mi trabajo y tener la oportunidad de empezar como editor de una revista en USA el próximo año, entre otras que han llegado, me recuerdan que esta vida esta llena de matices que no podemos dejar de apreciar.

Tengo que ser honesto en que realmente he extrañado este lugar. Es imposible no hacerlo. Gran parte de mi vida se encuentra escrita en la páginas de este blog y realmente temí perderlo del todo, pero sobre todo, perder la amistad que como blogueros la vida nos ha regalado. Agradezco a todos los que me han escrito a mi correo preguntando si estoy bien. Prometo ponerme al día con sus sitios. Porque aunque el tiempo pase, y la gente cambie, la esencia sigue intacta. No lo dejo de creer: El mundo es un buen lugar por el que vale la pena luchar. Y sin con alguna palabra podemos llevar un mensaje de esperanza y aliento a quien lo este necesitando. Nuestra vida no habrá sido en vano. Gracias por permanecer a nuestro lado. Un enorme abrazo, feliz inicio de semana!

viernes 3 de junio de 2011

Desde mi ventana: Time like these...

"Tú creías que podíamos ser decentes en tiempos indecentes. Pero te equivocabas. El mundo es cruel..." - Harvey Dent, The Dark Knight.

Cuatro años han transcurrido desde el día que iniciamos esta gran aventura de intentar encontrar nuestro destino, y convertirme en escritor. Miró hacia atrás, y observo con detenimiento los cambios que ha efectuado el paso inexpugnable del tiempo sobre el cuerpo de este viejo compañero al que algunas veces llamamos blog. Como fotografías de antaño, las imágenes del pasado se convierten en pequeños retazos de un enorme lienzo construido con los recuerdos que abrazan mi memoria, y convierten cada vivencia en un verbo capaz de capturar la esencia que en algún momento supo consumir mi alma.

Busco cientos de palabras para poder describir lo que yace en mis adentros, y no encuentro ninguna letra que pueda describir el sentimiento. Tantas historias, vivencias, alegrías, sueños y lágrimas se encuentran derramadas en estas páginas, que me es imposible no sentir que cada párrafo que compone este sitio tiene un pedazo de mi cuerpo, que al leerlo de nuevo, revive mis más profundos recuerdos, y me hace volver a una época en la que un joven impulsivo con aires de soñador, se sentaba sobre un viejo escritorio a estampar sobre el teclado cada uno de sus pensamientos.

Observo con detenimiento el reflejo que permanece estancado en mi memoria. El espejo no miente. Hay un largo y eterno camino marcado de errores, y aciertos. Más de los primeros que de los otros. Cientos de momentos en que se hubiese deseado detener el reloj para alargar la alegría o mitigar el sufrimiento. Saltos de ángel, y pisadas sobre el fuego. Experiencias que han transformado mi alma, convirtiendo esta roca que alguna vez llame corazón, en un mar de cantos y carcajadas que dan gracias al cielo por cada cicatriz y batalla ganada.

El resultado de estos cuatro años es la esencia de un joven que se apasionada por todo lo que hace. Un hombre que ha descubierto con el paso del tiempo, que a través de las letras aún es posible robarle un poco de vida a la muerte. Pero sobre todo, en un niño, que sigue creyendo en aquellas palabras que una vez le dijo una vez su abuelo: "Nunca dejes que las dificultades del momento, te quiten la oportunidad de hacer con tu vida algo realmente extraordinario".

Vivimos en tiempos complicados. Nadie lo pone en duda. Una mirada a nuestro alrededor y es fácil detectar la base de cada pensamiento pesimista que despierta en la mente de los que nos rodean. Sin embargo, estos son tiempos para aprender de nuevo. Momentos invaluables para marcar la diferencia. Situaciones conflictivas que aparecen como oportunidades únicas para aquellos que se encuentran decididos a dar un paso al frente y dejar de ser un rostro más en medio de la multitud.

Los tiempos cambian, es cierto, pero la esencia del hombre debe permanecer sigue intacta. Es por eso que cuatro años después, una sola frase permanece clavada en mi memoria. Como el fuego quemando el hierro. No importa cuantas veces la gente lo rechace, lo ignore, o lo niegue. Hoy más que nunca sigo creyendo de que el mundo es buen lugar por el que vale la pena luchar. Por eso no importa cuan angustioso sea el camino, ni cuantos errores haya cometido. Si con una sola palabra, podemos llevar esperanza y aliento a quien lo este necesitando, nuestra vida no habrá sido en vano.

Por eso hoy cuatro años después de haber empezado esta gran aventura, doy gracias a cada uno de los amigos que permanecieron a nuestro lado, de manera inamovible contra el paso del tiempo. A los que vinieron y se fueron, doy las gracias. A todas y cada una de las personas que con lectura silenciosa, e invaluables comentarios han hecho de este blog un lugar del que nunca me quiero marchar. Un espacio que llevo a cada segundo en mi alma, y que me hace volver para reencontrarme con ustedes. Amigos, y amigas, compañeras de batalla que nunca se han alejado de mi lado a pesar de las circunstancias. A ustedes doy las gracias en nuestro cuarto aniversario. Un enorme abrazo, los quiero!

El mundo es un buen lugar por el que vale la pena luchar.
Ernest Hemingway

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viernes 11 de marzo de 2011

Desde mi ventana: El Momento...

Existe una partícula de tiempo que define la historia de cada ser humano. Son milésimas de segundo que ante la percepción de los demás resultan realmente insignificantes. Trabajo, preocupaciones, cansancio, agotamiento, excusas disfrazadas de razones solidas han sido las cómplices de este triste acontecimiento. Millones de personas a través de la historia de la humanidad han dejado pasar ese momento, y es lo que ha marcado la diferencia entre ser un rostro más en la multitud, y aquellos que dejaron su huella con sangre en la arena.

Sé lo difícil que es. Supone falta de sueño, poca remuneración, y grandes sacrificios. Hay días decepcionantes, pero a veces, en medio de todo eso, te encuentras noches como estas, en medio de la tormenta, noches que dentro de unos años, cuando los cambios hayan sucedido, cuando realmente veamos nuestros sueños cumplidos, que tendremos la oportunidad de volver a ver hacía atrás, y decir: este fue el momento en que todo comenzó. Cuando lo improbable venció lo que era inevitable. Cuando fuimos capaces de derrotar a nuestros miedos.

Este fue el lugar, en medio de la incertidumbre y el cansancio, donde nuestra alma recobró la esperanza. Porque la esperanza no es una especie de optimismo místico motivado por la ceguera. No se trata de ignorar la tarea, ni los escollos que aparecerán en el camino. No es quedarse viendo los toros desde la barrera, o intentar escapar de las peleas. La esperanza es aquello que desde nuestro interior insiste, una y otra vez, a pesar de todos los indicios que han sido fundamentados en su contra, de que nos espera algo mejor, si tenemos el coraje de intentar alcanzarlo.

Porque es la esperanza lo que ha cambiado el mundo. Ha movido hombres y mujeres a marcar la historia para siempre. Tuvo la capacidad de hacer que un hombre cruzará el océano y descubriera un continente, de que una mujer se parara silenciosa en un bus a luchar por los derechos de sus hermanos, de poner un hombre en la luna y llegar donde nadie jamás había llegado. Es lo que marcará la diferencia entre aquellos que descubrieron lo que estaban hechos, y los que dejaron pasar esas milésimas de segundo. Y lo seguirá haciendo.

Porque hoy es ese día. No mañana. No la otra semana. Sino ahora, aquí mismo. En tu casa. En la mía. Cuando todo parecía perdido. Cuando el sol estuvo a punto de caer sobre nuestra cabeza. Hoy es el día que la historia recordará con grandeza la forma en que luchamos, y sobrevivimos. Cada uno de mis hermanos, soldados y guerreros que leen estas líneas. Moviéndonos hacia adelante con todo lo que teníamos. Porque eso son ustedes para mí. Camaradas. Compañeros de batalla. Amigos que han estado conmigo a través de la sangre, el sacrificio y las lágrimas. Y a los que hoy les digo: Pase lo que pase, sigan luchando.

Fallar es un derecho, pero seguir luchando más que una obligación moral, es un derecho a seguir viviendo. No podemos dejar este mundo sin saber que dimos todo lo que teníamos a nuestro alcance por hacer realidad algo que considerábamos como un imposible. Por eso no importa como vayan las cosas, nuestra alma y mente deben cargar con nuestras piernas cuando estas no tengan fuerza. La victoria se encuentra a la vuelta de la esquina. Este es nuestro momento. La oportunidad de convertir lo ordinario en extraordinario. De superarnos a nosotros mismos. No lo dejemos pasar. Este es el momento...

pd. Hoy dedicó este post al niño que creció y se convirtió en hombre. Al que con cada una de sus acciones me ha mostrado el valor más grande que poseemos como seres humanos: La capacidad de asumir los golpes y seguir luchando. Hoy dedicó este post al hombre que puedo mirar con orgullo y decir: ese es mi hermano, sangre de mi sangre. Sadrac, gracias por cada enseñanza que me has dado a lo largo de los años. Te quiero, mi hermano.

viernes 25 de febrero de 2011

La superación de nuestros temores internos...

¿Qué hace fuerte a un hombre? ¿Su inflexibilidad por conseguir una idea imposible, o la lucha interior por hacer frente a sus miedos? Es la pregunta que escuché hace unos días en boca de David Docel y tengo que confesar que no ha dejado de darme vueltas en la cabeza. ¿Donde esta nuestra victoria absoluta como seres humanos, la conquista de todo lo que nos rodea, o la superación de nuestros temores internos?

Hablar de mi temor a las alturas podría formar parte de un proyecto en psicología, sin embargo creo que no es algo que valga la pena mencionar. Ya que por extraño que parezca, iba más allá de un trauma creado en los días de infancia. Era la bestia negra que impedía el desarrollo natural de mis capacidades. Desde el temor a volar en avión, hasta el terror de encontrarme a unos cuantos metros de la seguridad del suelo, este pequeño "trauma" era capaz de nublar mis pensamientos y mermar mi confianza interna cada vez que la situación me lo requería, y aunque suene extraño, no solo tenía luz verde para hacerme quedar mal ante las circunstancias que me rodeaban, sino que a su vez truncaba otras capacidades, que por falta de valor, me era necesario cultivar para alcanzar todas las metas que en la vida me había planteado.

Y es que si algo impide nuestro desarrollo pleno como seres humanos es el miedo. Miedo a fracasar. Miedo al que dirán. Miedo a intentarlo y no poder lograrlo. Miedo. Gran parte de los sueños que van destinados al cajón de los olvidos, tienen como gran aliciente un pequeño saboteador interno diciéndonos "No importa cuantas veces lo intentes, jamás vas a poder lograrlo". Una especie de traidor moderno alojado en la fortaleza de nuestra alma, esperando ver el más predominante signo de debilidad para correr a abrir las puertas a nuestros enemigo y permitirles tomar lo que no es suyo.

Todos los seres humanos luchamos contra ese enemigo interno día a día. Lo mío fue el temor a las alturas. Para otros puede ser un pánico escénico, celos enfermizos, o incluso la dificultad para controlar su carácter. Nadie esta exento de ello. Sin embargo, ante nuestros enemigos, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Tenemos que luchar contra eso. El miedo es una excusa que la historia jamás tomará en cuenta. Debemos encarar nuestros miedos internos, luchar contra ellos y dominarles. Es la única forma real de poder superar algo y empezar a ganar esa batalla que se libra en los interiores de nuestra alma. La batalla por el corazón humano.

Hace ya casi dos años. Para ser más exactos, un 12 de septiembre del 2009. Después de volar dos veces a Cuba, y sacar a flote mis más grandes temores, tome la decisión de enfrentarlo. Primero fue un Forest Canopy en Limón lo que abrió la puerta a la lucha con mis demonios internos. Luego vino el HIMAD Plus. Mi reto más duro. Un ejercicio de cuatro pruebas de altura: Rapel (descenso vertical por una enorme pared de piedra), El Rapto (ser alzados por nuestros compañeros, de repente, por un cable a más de 15 metros de altura), el Salto de fe (subir hasta una plataforma a 20 metros de altura, y saltar al vacío para intentar agarrar una argolla suspendida en el aire) y finalmente una pared de escalada. Todo en un fin de semana.

Aún puedo oler mi miedo con la primera prueba. Estuve a punto de retirarme y dejarlo de lado. Sin embargo algo en mi interior supo que era el momento. La bestia me había acorralado y no quedaba otro camino más que luchar. Y eso hice. Peleé. Apoyado por las voces de nuestros compañeros. Lo hicimos. Pálido como si me hubiera besado la muerte, baje por esa enorme roca, y el espíritu salvaje despertó. Vino la segunda prueba. La nervia se quiso hacer nuevamente presente, pero al final también lo logramos. Y luego vino el salto de fe.

Mis manos temblaban mientras subía por las incomodas ramas de ese enorme árbol. Intente el salto tres veces. Mis amigos desde abajo me apoyaban. Yo hacia ademanes para que me dejaran enfocarme y pensar con tranquilidad. El sudor, la nervia y la presión. Y en el tercer intento, sin pensarlo, saltamos. ¿ Cuál saltamos? ¡Volamos! Mis manos sintieron el frío metal del trapecio y se aferraron a ella. Lo logramos. No podía creerlo. Lo habíamos superado. Estábamos cerca. Solo una pared a 20 metros de altura nos separaban de la victoria.

A la mañana siguiente, magullados por el esfuerzo del día anterior, supe que faltaba algo. Subí un par de metros y caí. Nos levantamos. Y lo intenté de nuevo. Una vez más mi mano resbalo. Mis brazos ya no daban. Estaba cansado. Pero en el fondo, sabía que no había vuelta atrás. Era ahora o nunca. Y escalé de nuevo. Más que la primera. Más que la segunda. Mis amigos abajo apoyaban. Las manos no daban. "Vamos, son solo un par de metros". Mi corazón temblaba. Entonces pude sentirlo. La última piedra. Y llegamos. Hasta el final. No puedo expresar lo que sentí al estar allá arriba. Lo habíamos logrado. Para lo que muchos fue rutina, para mi fue un fin de semana inolvidable. Ganamos.

¿Porque les comento esta historia? Porque han pasado ya casi dos años desde esto. Y en un par de semanas, nos encontraremos de nuevo con esa pared en otra edición del HIMAD Plus. Y mirando hacía atrás puedo darme cuenta de que ese momento tan pequeño, ese trauma que nos había perseguido desde niños, fue superado ese día. Y esa fue la puerta a muchas cosas importantes que hemos logrado desde ese momento en nuestra vida. Quizás no fue algo a grande rasgos, pero fue un buen primer paso. Mi vida cambio radicalmente en muchos aspectos en ese fin de semana.

La superación de ese reto, poder vencer a mi traidor interno, me enseño que podía ser capaz de eso y mucho más. Nada externo claramente, pero en el fondo de nuestra alma, el enemigo interno supo que si quería conquistar otras áreas de nuestra en vida, iba a tener pelea hasta el final, tal y como lo hemos hecho hasta en este momento. Porque han pasado dos años y seguimos guerreando por nuestros sueños. Y les confieso algo, la lucha es dura, pero vale la pena, las últimas noticias desde el frente de batalla traen buenas nuevas: seguimos avanzado, estamos ganando...

Es por eso que antes de irme, quiero lanzarles la pregunta que me ha dado vueltas en estos días, y escuchar sus opiniones sobre el tema. ¿Cual es su temor interno más profundo? Eso que les impide llegar hasta la meta que han soñado, pero sobre todo, ¿que están haciendo para no caer derrotados? Será un placer leer sus comentarios. Un abrazo!

pd. Gracias amigos por sus comentarios y apoyo a lo largo de estos meses. Se que quizás ya no publicamos como antes, pero seguimos disfrutándolo tanto como ese primer día. Gracias por permanecer a nuestro lado.

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viernes 28 de enero de 2011

Desde mi ventana: Llegar a la meta...

Terminar algo que nos hemos propuesto. Suena fácil. Pero no lo es. A lo largo de nuestra vida, cientos de veces, hemos empezado con una meta, un propósito, o un sueño. Lograr algo grande. Dejar huella. Marcar la diferencia. Algo que ponga nuestro nombre en la piedra y nunca jamás sea borrado. Leyendas. Todo niño y toda niña lleva esos sueños de grandeza en el interior de su alma. De ahí las fantásticas y maravillosas aventuras que alguna vez son concebidas en nuestra cabeza. Sueños de gloria y grandeza. Tener la capacidad de volar hacia lo más alto, y poder tocar las estrellas con nuestras propias manos.

Entonces vienen las tormentas. La barca se mueve de un lado a otro, y empezamos a cuestionar todo lo que creemos. El rostro que miramos en el espejo ya no se ve tan claramente. Y las dudas empiezan a jugar caprichosamente en cada esquina libre que quede en nuestra mente. ¿Somos capaces de alcanzarlo? El viento castiga con fuerza, mientras la lluvia azota sin clemencia nuestro rostro, y entonces lo pensamos. ¿Tenemos realmente la fortaleza para lograrlo? Somos capaces de resistir los golpes y volver a levantarnos.

Pero hace falta más que eso. No es suficiente sostener y aguantar. Tarde o temprano la barca cederá ante la fuerza de la tormenta. Pero nosotros no. Porque podemos naufragar en alta mar, pero jamás dejar de luchar. Por eso, con el agua hasta el cuello, lo tenemos que enfrentar. Subir al mástil de la barca y levantarnos desafiantes y gritarlo con todas nuestras fuerzas a los cuatro vientos: Tú no me podrás matar. Voy a llegar a la meta.

En este momento, son las 12:51 de la mañana en Costa Rica. A mi lado permanecen tres copias impresas de nuestra novela "Nueve minutos para la media noche" que en un par de horas se estarán entregado a la Editorial de Costa Rica para nuestra primera participación en el Certamen Literario 2011 al que fuimos invitados, y que tiene como fecha de cierre el día de hoy. Una aventura que motiva, y despierta miles de ilusiones en mi interior. Sin embargo tengo que ser sincero, en este momento, observando con detenimiento cada una de las lineas que componen nuestro texto, me es imposible no sentirme en este momento emocionado.

Atrás quedan todas las horas de sueño, madrugadas enteras que nos consumimos frente a nuestra computadora, el dejar de lado amigos, fiestas y familia a lo largo de los últimos dos meses. Salir a correr, ver una película, o simplemente sentarme bajo un árbol a leer un buen libro. El blog, y mis proyectos. Sacrificios que hemos hecho. Todo hoy ha valido la pena. Lo hemos logrado. Terminamos. Ya no me importa si gano, pierdo, o incluso empato. El hecho de ver en papel lo que alguna vez nuestra mente soñó es más que suficiente para este iluso corazón de escritor. Y no es que este renunciado a ganar. Ni acepte la derrota antes de tiempo. No, se trata de eso. Sino el hecho, de finalmente puedo mirar en papel mis textos. Llegamos a la meta. Cientos de veces pensé que no iba lograrlo. Pero terminamos. Y eso es más que suficiente para mi. Todo lo que suceda a partir de ahora. Es ganancia.

Es por eso que hoy doy primeramente gracias a Dios, y a la vida por brindarme las fuerzas en el momento necesario. A mis amigos que siempre me han apoyado. Porque si algo nunca podré decir, es que hubo gente que nunca creyó en mi. Siempre los he tenido a ustedes dándome las mejor de las suertes, y eso es algo que realmente aprecio. Pero sobre todo, doy hoy las gracias a la mujer que permaneció a mi lado cuando más lo necesite. Por creer en mi a cada segundo, momento e instante. Por acompañarme cada madrugada, leyendo, escribiendo, y revisando. De verdad preciosa que nunca podré olvidarlo. Nunca hubiese terminado sin tu ayuda. Gracias por existir.

pd. Este año volvemos con muchas fuerzas, y grandes sorpresas. La primera de ella, es que a partir de febrero empezaremos una columna en el ChoutTV uno de los streams más vistos en Costa Rica sobre literatura, además de un par de publicaciones al mes en una revista escrita en nuestro país que pronto les estaremos comentando, y nuestro pronto regreso a la radio. Pinta bonito este año. Gracias a todos por acompañarme a lo largo del 2010, prometo ponerme al día con sus post, y espero que de verdad este sea un gran año para todos ustedes. Los quiero montones!

jueves 30 de diciembre de 2010

Desde mi ventana: Thank you, and good night...

Solo un día nos separa del fin de año. Es increíble lo rápido que pasa el tiempo. Doce meses llenos de alegrías, lágrimas y vida comienzan a prepararse ante el ocaso de la media noche. Miles de personas alrededor del mundo se preparan para darle la despedida a un 2010, que para muchos fue un dolor de cabeza, y para otros un periodo de enseñanza y aprendizaje incomparable. Es por eso que es tiempo de volver a ver atrás y dar gracias por los momentos que hemos compartido, porque una vez más, hemos podido, contra todos los pronósticos, llegar hasta el final del camino, y tener la capacidad de decir: estamos vivos.

Porque cuando pensamos en la cantidad de sucesos que acontecieron este año, la cantidad de dolor que han vivido personas cercanas y extraños al ver como sus familiares partieron en el momento menos esperado, es inevitable dar gracias a Dios por seguir hoy en pie. Tres años han pasado desde el día que un hombre puso una pistola en nuestra cabeza, disparó y la bala se encasquillo. Aún puedo sentir el la quemadura del arma sobre mi frente. Menos de seis meses han pasado desde el accidente de transito que sufrimos este año, cuando un trailer colisiono de costado el taxi en el que viajábamos. La imagen de la lata retorciéndose aún sigue clavada en mi mente.

Es por eso que quiero tomarme un par de líneas para dar gracias -de la misma manera que lo hicimos el año pasado-por las grandes cosas que han pasado en nuestro alrededor, que nos han hecho crecer y madurar. Momentos dificiles que nos dejaron profundas lecciones, y experencias que superaron por mucho las expectativas. Por eso seguimos, de pie, con el corazón al viento, porque podrán cortarnos los pies, pero no el camino por donde hemos de andar.

Y es que este año han pasado muchas cosas buenas. Fue un proceso duro y complicado, con su altibajos, pero finalmente nos encontramos en un lugar insospechado, recogiendo los frutos de lo sembramos, con un buen trabajo y una beca para continuar nuestros estudios en Ingeniería Industrial. Atrás quedó la incertidumbre de la operación, el no poder volver salir a correr, y el sobrevivir a un accidente para dar vida a un sueño en nuestra cabeza. Aprendí sobre el perdón, y como superar la traición. Pero lo más importante, es que a mi lado conservo a todos mis amigos y seres queridos.

Por eso cada día que pasa, no puedo dejar de dar gracias a Dios por estar en este lugar. Con salud, un trabajo decente, y haciendo lo que más me gusta: escribir. Todas estas heridas sobre la espalda, cicatrices de balas que no alcanzaron su objetivo, son señales de que estamos vivos, razones para seguir peleando que lo que siempre hemos creído: el mundo es un buen lugar por el que vale la pena luchar.

Es por eso que esta noche, quiero darles las gracias a todos ustedes por acompañarme. Nada de esto hubiese sido posible sin ustedes. Por eso quiero dedicarles esta canción que hemos subtitulado como despedida al fin de año. Se llama "The Deadman's gun" tiene una letra poderosa, cargada de mucho sentimiento, y reflexión en cada una de sus palabras. Una canción que cada vez que la escucho me siento como en una terraza, con el corazón al aire, siendo acariciado por la brisa del invierno. Una melodía que hoy cantamos y dedicamos en todo lo alto a los amigos y amigas que nos han acompañado a lo largo de este año.


Y todas las tormentas que has estado persiguiendo
Están apunto de llover esta noche
Y todo el dolor que has estado afrontando
Esta apunto de ver la luz.


Thank you, and good night...

viernes 24 de diciembre de 2010

Desde mi ventana: It's a great day to be alive...

A través de los años, su nombre ha pasado sin pena ni gloria por las páginas de los libros de historia. Tanto que en realidad es poco lo que sabemos de él. Las escrituras nos dan una pequeña perspectiva de su vida. Hijo de una línea sucesora del antiguo Rey David, si los romanos no hubiesen conquistado su pueblo, quizás las cosas hubiesen sido diferente. Era carpintero de profesión, y un hombre relativamente respetable en su pueblo. Sus sueños como los de la mayoría de los judíos en esos años eran simples: formar una familia, continuar el negocio de sus padres, y estar vivo para ver con sus ojos la llegada del Mesías, el poderoso guerrero y libertador de Israel.

Fue por eso que quizás que José, un tipo tranquilo y sencillo, decidió casarse con María, un hermosa joven israelita, con la que llevaba un tiempo comprometido. María era un chica sencilla, pero diferente a los demás, y fue precisamente lo que llevo a José a pedirle la mano a su padre según acostumbraba la tradición. Sin embargo nadie esperaba todo lo que estaba por acontecer. Ni siquiera José. María su prometida, quien recientemente había regresado de un viaje de seis meses donde su prima Elizabeth, estaba embarazada.

Como hombre no me cuesta comprender la impresión de José. He sido engañado. Fue lo primero que tuvo que haber pasado por su mente, cuando tuvo la oportunidad de escuchar los rumores que llegaban hasta su casa. Y tampoco lo juzgo por la decisión que tomó. Dejarla secretamente para evitar la vergüenza. Sin embargo su decisión tenía una consecuencia. María debería morir apedreada por fallar a su compromiso matrimonial. Y tuvo que decidir. Mandar todos sus sueños por un tubo y salvar la vida de esta joven a la que amaba, o rehuir a su vergüenza, y dejarla morir apedreada.

Y esto me pone a pensar en que pasa cuando las cosas no salen según lo planeado. Se acerca el final de año, y los seres humanos tenemos la costumbre de recapitular las cosas que han sucedido en el pasado, y analizar si los sacrificios valieron la pena. En lo personal, para nadie es un secreto que posiblemente este haya sido uno de los años más difíciles de mi vida, nada de lo que proyectamos a inicios de año se realizó según lo planeado. Y no me quejo. Todas esas situaciones me han llevado a un lugar mejor de lo que había pensando en su momento. La clave. No dejo de seguir intentándolo. Y es precisamente lo que quiero rescatar en este día.

La vida esta llena de riesgos. Sino has caído, no has tenido la oportunidad de vivir y aprender de los errores. Porque lo importante no es cuantas veces caigas. Lo realmente importante, es la cantidad de veces que tengas el coraje de levantarte y volver a intentarlo. Abraham Lincon vio morir a su prometida, fracaso dos veces en el mundo de los negocios, sufrió una crisis nerviosa, y perdió 8 veces las elecciones. Sin embargo nunca se dio por vencido, y su lucha fue el pilar de la abolición de la esclavitud para miles de hermanos afroamericanos. Casos así en la historia, existen a por montones. La diferencia entre ellos, y los que nunca alcanzaron nada, fue el coraje que tenían de volver a intentarlo.

Es por eso que en este final de año, quiero motivarlos a seguir luchando. No importa las veces que caigan sobre la lona, no puedes darte por vencido. Levántate y sigue intentándolo. Quizás no sepamos mucho de José, su vida y muerte sigue siendo un completo misterio, sin embargo creo, que al igual que muchos que ven sus sueños ir tomando forma de una manera que no esperaban, la decisión que tomó de salvar a María de morir apedreada, criar a un hijo que nadie reconocería como suyo, y huir de todo, lo acercaron a todo lo soñado. Porque fue precisamente lo que sucedió. José pudo continuar el negocio de sus padres, formar una bella y numerosa familia, y de paso sostener en sus brazos al inesperado Mesías.

I'ts a great day to be alive.


Y es un gran día para estar vivo
Sé que el sol todavía brilla cuando cierro mis ojos

Felices fiestas mis amigos. Que lo pasen de lo mejor.
Nos veremos una vez más antes de terminar el año.

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